La organización de la próxima Copa del Mundo se enfrenta a un escenario de alta complejidad marcado por la inestabilidad global. Frédéric Mertens, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Valencia, y Álvaro Fernández Luna, profesor de Gestión Deportiva de la Universidad Europea de Madrid, afirman que “la seguridad y la gestión del evento exigirán una cooperación y una planificación sin precedentes”.

El próximo Mundial no solo se jugará en el césped, sino también en el tablero geopolítico. Frédéric Mertens señala que este escenario recupera la lógica de la Guerra Fría en la que el deporte sirve de escaparate para la competición entre países, que en esta ocasión «van a medirse también con la dinámica del marketing político».

El experto en Relacionas Internacionales aclara que “el éxito de esta colaboración dependerá de si la Casa Blanca y el equipo de Trump consiguen controlar a este último para que no vaya destruyendo todo el esfuerzo diplomático. El Mundial convertirá a Estados Unidos en el centro de atención y su resultado como lavado de imagen dependerá de cómo los tres países gestionen conjuntamente los imprevistos que ocurran durante el evento”.

La tensión geopolítica, agravada por conflictos como la guerra con Irán, obliga a reforzar la seguridad frente a una doble amenaza. Mertens destaca que “ni siquiera Estados Unidos está preparado para poder enfrentarse solo a posibles actos terroristas que podrían materializarse en cualquiera de las tres naciones”.

Fernández Luna explica que “los protocolos están cada vez más profesionalizados, con medidas como la implantación de anillos de seguridad en torno a estadios o el refuerzo de la vigilancia en infraestructuras críticas. Si bien estas acciones pueden generar incomodidades para el espectador presencial, son indispensables para garantizar el correcto y seguro desarrollo del evento”.

Sin embargo, recuerda que, “es imprescindible poner el foco en nuevas amenazas como los ciberataques, cuya capacidad de interrupción y daño puede llegar a comprometer el evento en igual o mayor medida que los riesgos físicos tradicionales”.

El impacto económico es la otra gran variable sujeta a la inestabilidad del contexto. Aunque se espera que la demanda local y el aficionado más comprometido respondan, Álvaro Fernández Luna advierte de que “el mayor impacto económico de este tipo de eventos se genera a través del turismo internacional. Una reducción en la llegada de visitantes extranjeros o en su nivel de gasto tendría un efecto claramente negativo sobre el retorno de la inversión global”.

Por ello, concluye que “el impacto económico y social de un evento de esta magnitud debe analizarse desde una perspectiva más amplia, que incluya variables como el legado deportivo, la sostenibilidad del evento, la huella de carbono o la reutilización posterior de las instalaciones construidas o adaptadas para su celebración».

Esta incertidumbre también se traslada al ámbito comercial, especialmente a los patrocinadores, por este motivo Fernández Luna, resalta que “aunque todo patrocinio implica necesariamente un cierto nivel de riesgo, las grandes compañías no toman decisiones a la ligera y sus estrategias contemplan distintos escenarios». Porque el objetivo de estas empresas a menudo va más allá de la simple visibilidad publicitaria, buscando también beneficios más intangibles como fortalecer la conexión del público con su marca o mejorar su reputación.

Para hacer frente a estos desafíos, la estructura de la organización es clave. Aunque una sede conjunta entre México, Estados Unidos y Canadá es, de por sí, un reto logístico, Fernández Luna señala que también “es una ventaja al implicar a varias federaciones y autoridades gubernamentales en la respuesta a posibles contingencias”. Por otro lado, como propietaria del evento, el papel de la FIFA es el otro eje fundamental.

El experto en Gestión Deportiva subraya que “la institución, pese a sus evidentes intereses comerciales, debe mantener una postura firme y coherente, evitando posicionamientos políticos explícitos para preservar un prestigio que en ocasiones se ha visto cuestionado. Su foco debe estar en lo deportivo y en la toma de decisiones basadas en las necesidades de las selecciones participantes y de los aficionados”.

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